Esta es la primera vez en meses que escribo con la intención de publicar, y es raro. Siento como si tuviera que empezar de nuevo en un trabajo que sé hacer muy bien, pero el que no ejerzo desde hace mucho. Una locura, porque aunque no publique, siempre escribo aunque no supiera quién soy.
En fin, no quise seguir con ese montón de excusas caducas con las que me blindé el año pasado. Tampoco quiero respaldarme tras el argumento de que enero es un mes cansado y mega exigente. Solo quiero escribir, volver a mi centro, descubrir quién soy ahora. Y publicar, quiero publicar mucho.
Siento que llevo, al menos, 8 años presentándome en enero como si anualmente muriera una versión de mí, de la Eunice que ya no soy. Y es raro, porque siento que en esencia sí soy la misma, pero muy diferente. Es rarísimo. Espero no ser la única que se sienta tan “dime quién soy”.
👀 Sé que no lo soy.
Puedes visitar este desahogo de algún otro enero Volver a mí: Ogros, ex amigas y un renacer inminente
Antes de seguir quiero presentarme: Soy Eunice, tengo treinta y tantos años. Soy una romántica, soñadora, fanática de las películas que hacen llorar y de los libros que remueven fibras. Me gusta encarnar la música más allá de mi realidad. Canto, bailo y cocino rico. Me he enamorado algunas veces, y amado un montón. Soy creadora de este universo millennial en el que organizo nuestro caos generacional para sentirnos acompañados en el proceso. Todo es con amor, y sin (tanto) juicio.
Pasa, estás en tu casa.

Como te decía, una de las cosas que ha detenido en esto de escribir —que btw, escribir es mi vida—, es que llevo aaaañooooos dedicando bastante espacio a canalizar a través de mis letras esa relación que casi no fue con aquel ogro (que al final nunca fue un ogro nada), y del que terminé enamorada de su versión de príncipe empatanado a destiempo, y que, genuinamente, ya no sé si lo soñé o es real.
Y la verdad es que llevo un muchísimo tiempo trabajando en mí para lograr escribir, avanzar, descubriendo quién soy realmente, curando las heridas que ni siquiera provoqué. Me he terapeado de todas las formas posibles para descifrarme, porque si algo tengo bien integrado, es mi capacidad de racionalizar todo, lo que es un fastidio porque muchas veces me olvido de sentir.
El punto es que trabajarte tanto lleva a conocerte de manera indescriptible, pero también hace preguntarte quién coño eres, porque todo lo que conocías cae ante tus ojos, tus creencias se derrumban y eso que se supone que era verdad, se difumina ante ti.
Entonces, dime quién soy…
Yo evité mucho tiempo hablar de mí, toda mi vida para serte sincera. Y seguro te preguntarás cómo es posible si cuento un montón de cosas, escribí un libro autobiográfico, tengo un podcast donde reflexiono sobre todo y más. Es loquísimo que yo diga esto porque puedo dar la sensación que digo un moooontoooón, pero al final no digo nada. Puedo estar horas escuchando, reflexionando, aconsejando e incluso terapeando, y no dedicar ni medio minuto a hablar de mí. Soy como una muralla china… o bueno, era. Pretendo que sea diferente ahora.
En medio de todo estado de evitación —creo que la palabra idónea sería resguardo—, hablé de la historia que siento, es la más pura de mi vida. Una historia que no importa cuántas veces la escriba, la lea, la cuente, siempre me va a dibujar una sonrisa, como lo hace justo ahora y eso que solo la estoy mencionando.
Hablé de ese amor que nació del abrazo de dos estrellas, el que logró encender mi alma adormecida y sembró en mí el bichito del dime quién soy. Sin esa historia, no existiese esta Eunice que hoy escribe procurando ser lo más honesta posible.
No sé si estuvo bien o mal hablar de ella, solo fue. Y la verdad es que si lo tuviese que contar de nuevo, lo haría igual, porque incluso el haberme equivocado al llamarlo ogro fue esencial para darme cuenta quien sí lo era realmente ,y poder darle al no ogro, su lugar en mi vida. (Sí, fue tan terapéutico como una constelación).
Pero la realidad es que compartí lo más sagrado para mí, lo que creí que era digno de contar, porque es que mi vida ha sido tan caótica los últimos 13 años, que te juro que me sentía indigna de transparentar algo de lo que he vivido.
Intentar, intentar, intentar
Lo intenté, pero siempre digo que el que intenta, fracasa. Y sí, fracasé al hacerlo porque fue transparente. Nunca he querido hablar de lo que me pasó, menciono con guantes de seda que estuve una relación que me destruyó, y que quedé tan mal que me convertí en paciente reincidente de esos abrazos que ofrecen una falsa seguridad, y solo alteran mi sistema nervioso.
Hablar de mi vida, —la de verdad, no esa efímera demostración de que estoy viva y en la que aseguro que soy fuego del que enciende y no del que destruye—, me costaba porque fui mi principal verduga. Es parte de crecer en un hogar que te invalidó, que no te reconoció y que te traicionó. Me convertí en mi enemiga, y jugué en mi contra. Creo que nos ha pasado a todos en algún momento. La buena noticia es que podemos despertar y comenzar a elegirnos.
¿Y? Dime quién soy…
Y es que no importa cuánta terapia haga, no logro definirme porque detesto encasillarme. No quiero decirte que soy valiente por atreverme a ser honesta porque hay veces que el miedo me sigue ganando. Tampoco quiero asegurarte que soy una cobarde, porque hay días en los que decido saltar sin importar lo que hay abajo. ¿Ves? Definirse es decir que siempre —o casi siempre— eres eso que aseguras y nada en la vida logra ser tan concreto. La verdad es que todo es volátil.
Mi color favorito es el violeta, pero hay días que amanece gustándome más el amarillo o el verde. Casi siempre prefiero helado de yogurt, pero hay días que gana mi deseo por el pistacho. AMO las baladas que me hacen sentir (des)enamorada, pero hay tardes en las que escucho calipso oriental solo porque extraño mi casa. Entonces, ¿quién soy? Dime…
No puedo decirte que soy algo puntual, porque soy muchas cosas y creo que de eso se trata la vida, creo que ha esto he llegado después de surfearla tanto. No quiero decir quién soy porque soy luna y sol al mismo tiempo; calma y tormenta; soy gritos y silencios. Puedo ser luz y también oscuridad. A veces soy princesa, y otras veces ogra.
Ya intenté ser lo que otros querían que fuera. Intenté y fracasé. No logré ser la hija que mi mamá quería, tampoco la esposa que debía ser. No logré ser la novia que se esperaba que fuera, ni mucho menos he logrado ser la ex que puedes odiar. No soy la profesional que se queda callada en un trabajo, menos la emprendedora que lo deja de intentar.
Tanto no he sido que gracias a eso, al fin estoy siendo. Por mí y para mí.
Mucho gusto
Hoy solo puedo decir que esta versión que se construye sobre las pieles de las Eunice que ya no están, es muy honesta, pero no con los demás, sino conmigo. Me cansé de mentirme. Me cansé de rendirme, o de ni siquiera intentarlo. Creo que de eso va este 2026: ser, estar, sentir. ¿Tengo miedo? DEMASIADO. Pero bueno, el miedo y yo hemos convivido tantos años, que hicimos una tregua y seremos aliados.
Por eso he vuelto a escribir y, aunque se siente raro, quiero hacerlo mucho, creo que tengo demasiado que contarte porque no es que mi vida se había vuelto aburrida o menos reincidente (ojalá), lo que pasa es que me ganaba la vergüenza, pero aprendí que somos errantes y no hay evolución sin fracaso.
Y bueno, siendo honesta, no sé si dejaré de mencionar al no ogro, no puedo prometer que no volverá a relucir en algún escrito, puede que sí, o puede que al final esa historia se diluya en el mar de recuerdos en el que quizás tiene que hundirse. Ya veremos qué pasa, no forzaré nada, sé que mi alma me dirigirá hacia el camino que debo transitar y compartir.
No sé quién soy aún, no puedo decírtelo ahora, pero sé que estoy aquí contigo queriendo compartir una vida, un amor, un sueño… un universo entero para que transitemos juntos este puente millennial que nos hace viajar entre lo que debimos ser y lo que somos de verdad. Estoy, en tiempo presente, y creo que eso es lo que importa, la etiqueta es lo de menos.
Sigo descifrando este presente, mientras tanto sigo escribiendo. Ah, y hola de nuevo.
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Te adoro eres una guerrera que no se rinde , somos el mejor proceso y eso nos hace feliz
Eres tu y ya, que tantas explicaciones, la vida es corta y tienes que vivirla al máximo, abraza, quiere, ama y comparte con tus amores, porque la vida pasa y de repente te encuentras sola y sólo te queda el consuelo de haber disfrutado al maximo ésos momentos.
Luego te reinventas y resuelves en ti y en tu futuro que ya no será el mismo tiempo de tu pasado y siempre será un futuro incierto.
Eso me ha tocado vivir a mi por lo menos a ya casi mis » 60″ años.
«Bendiciones y éxitos te lo mereces «