Creer cualquier pendejada, como no sentirse suficiente, fue mi deporte favorito hasta la semana pasada, incluso mi máxima de vida, y no es algo que haya dejado de sentir, no vayas a creer, solo que estoy aprendiendo a apagar ese grito (porque no es una vocecita) que quiere convencerme de lo que no es, para elegirme y atreverme. Y no quiero decir que “parece chiste, pero es anécdota”, pero ¡es que es así!
Y antes de continuar quiero presentarme porque, aún y cuando me conoces, no soy esa Eunice que comenzó a escribir a los 4 años y que soñó con ser escritora desde que pisó este mundo.
Tampoco soy esa Eunice que has venido leyendo (si es que lo hacías), porque te juro que han pasado tantas vidas en estos últimos años que es imposible que sea la misma Eu que se enamoró de un ogro que al final no era ogro, pero que sí parecía uno, ¿o sí? 👀 He mutado muchísimas veces.
Lo primero que debes saber es que las presentaciones no son lo mío, siento que vencen al minuto de ser expresadas porque así de cambiantes somos. Hoy puedo ser muy apacible como el viento que pasea entre las montañas, y mañana ser el mismo viento para aviva el fuego incendiarse por dentro. Y no solo yo, todos somos cambiantes. Así que solo te dejaré saber lo siguiente con la intención de darte pistas de lo que conseguirás en este espacio.
Soy muy millennial, con unos cuantos traumas y cientos de heridas de las que ni responsabilidad tengo, pero de las que me estoy haciendo cargo porque, al fin y al cabo, es mi vida y la quiero vivir bien.
Si de hechos hablamos:
✨Mujer con ovarios, bien puestos y bastante funcionales.
✨Mamá de dos, la parejita. Dicen por ahí que ya “salí de eso”, aunque cada día me siento más adentro.
✨Migrante desde siempre, no pertenezco a un lugar, no soy de este mundo. Pero sí, no vivo en el país en el que nací.
✨Fracasé en el amor hasta que empecé a amarme.
✨ He vivido con miedo a mostrarme, pero me cansé de esconderme.
✨ Creo y practico la magia en todas sus expresiones de amor y expansión.
✨Ah, y algunos me conocen porque me enamoré de un ogro, pero que se veía como un dios griego.
Mucho gusto, soy Eunice, vivo mis treintas y tantos, desde los 5 años me convencí que el amor no era para mí y hoy vuelvo aquí para contarte un poco de lo que ha presentado el viaje de sumergirme en las aguas del “no soy suficiente”.
No sé cuándo empezó, pero pasó

Borré muchas líneas antes de llegar acá y no sé qué saldrá de aquí, sinceramente me cuesta hablar de esto porque me deja por completo vulnerable, esta es la herida que ha provocado los peores eventos de mi vida.
Mira, te voy a confesar la verdad: crecí en una familia loca, grandísima, hermosa, pero disfuncional (como casi todos en el mundo). Hasta el sol de hoy soy el tesoro de la familia, la princesa mayor, la sucesora del trono, y aunque eso es verdad, no me lograba ver así. Y es que cuando tienes conflictos de confianza y una autoestima lesionada, da lo mismo si el mundo completo te ve como la reencarnación misma de la princesa Diana, si tú no te crees el cuento, vas a ser tu mismo demonio y verdugo.
He contado algunas veces -y lo cuento más en el libro- lo mucho que me ha costado verme hermosa y así de increíble como me ven allá afuera. ¿Las razones? Varias, iremos poco a poco hablando de todo eso.
Crecí cargando la mochila de expectativas de mi familia y sumergida entre las creencias de una sociedad que es bastante cruel con aquellas que no son 90-60-90, que tiene un manual inventado de cómo debe ser una mujer y que se cree la misma Inquisición (ignoremos lo de santa, porque de eso no tiene nada).
Anécdota rápida 👇🏻
Hoy (no importa la fecha en la que leas esto) cuando llevaba a mi hijo a su clase de atletismo, vi a una chica practicando lanzamiento de bala. Una mujer hermosa, con un cuerpo corpulento, unos brazos muchos más gruesos que los míos y una fuerza increíble. Al verla pensé: pude ser una gran atleta, pero pasé más de la mitad de mi vida tratando de encajar en un lugar que hoy, genuinamente puedo afirmar, me queda pequeño. Eso es lo que hace no creerte tu cuento y no valorarte ni a ti como persona, ni tus habilidades o talentos.
Me costó mucho no sentirme así. A medida que crecía, una voz en mi cabeza tomaba fuerza, me convencía de que yo no era tan linda, tan inteligente, tan divertida, ni bailaba ni cantaba tan bien. En fin, me pudieron decir que yo era una moneda de oro, pero mi mente me repetía que yo no llegaba ni a cuartico de centavo.
Estando en tercer grado conocí a un niño que me flechó. El segundo niño que, en mi inocencia, me gustaba; el segundo niño que a mis 8 años me rechazaba. El primero fue en kinder que se “enamoró” de mi mejor amiga, y ahora era el turno de este que, según yo, no me daba pie con bola (no me paraba ni medio).
¿Era yo y mi mala puntería? 👀
BTW, me escribió hace dos meses para confesarme que siempre estuvo enamorado de mí, que era la niña más linda del colegio, que siempre me vio inalcanzable (OMG) y que mis piernas eran -o son- su delirio. Por si me hacían falta pruebas de que no creerme el cuento me aleja de todo lo que quiero y puedo tener.
Cuando pasé a cuarto mi profesora tenía cierto rechazo por las niñas acuarianas que ya sabían dividir y se aburrían en sus clases limitadas, entonces le dio por calificarme con “B”, lo que sería un 5.8 para los que viven en Chile, un 7 para los que están en Argentina, y un “no eres suficiente” para los que tenían papás como yo, que si no te sacabas la nota máxima, no servía de nada.
Cómo jode sentir que no eres lo que tus papás esperan, ¿no? Lo peor es que creces y descubres que una nota no determina ni tu éxito ni nada en tu vida. En fin…
Así mi vida avanzó… sin lograr la excelencia en ningún aspecto, a pesar de ser siempre una niña de A, 7 o 10, porque si fallaba una sola vez, ya me convertía en un evento decepcionante.
Cuando ingresé al coro, a los contraltos no le asignaban solos, a pesar de que en ese espacio el lema era la inclusión. Solo los sopranos tenían el privilegio y te parecerá una estupidez, pero crecí creyendo que mi voz era cualquier vaina, hasta que mi hija, un día muy random, me dijo: “Mami, cantas hermoso”. Y tú sabes lo que dicen: los niños no mienten. (Abracito de amor para mi autoestima lesionada).
Podría escribir 3 libros solo de momentos que me reforzaron que no era suficiente, porque es que la sociedad está edificada bajo ese concepto, no es que mis papás eran malos, o no me me creyeran suficiente o que a mi profesor de canto no le gustaba mi voz, sino que la sociedad tiene una lista de expectativas que debes cumplir, y si no lo haces, cagaste. Así no más.
Lastimosamente todo eso (y más) influyó en mí, y aunque me acoracé para que no se me notara y ante el mundo era una joven muy segura de mí misma. Hoy a mis treinta y tantos tengo conciencia de que es eso lo que no me ha permitido vivir una vida plena llena de seguridad y amores bonitos.
El no sentirme suficiente tuvo consecuencias absurdas e incluso, graves en mi vida, porque hizo que desarrollara un diálogo interno enfocado en el “ESTO ES LO QUE ME MEREZCO”. Lo peor del caso es que no solo me ha pasado a mí, somos toda una generación que hoy vive los estragos de crecer en familias lastimadas en las que el amor o de verdad no fue suficiente, o nunca se presentó.
Y algo tan fuerte, que no importa si eres hermosx -según la sociedad-, si tienes el éxito que te enseñaron que debías tener, si alcanzas todo eso que deseaste, porque si tu diálogo interno no se detiene a celebrar tus logros y todo te parece ser insuficiente haciendo que quieras más y más, nada de lo que tengas habrá valido la pena si no te sientes plenx.
Si te resuena, te doy un abrazo de esos que sanan el alma porque sé lo que duele 🫂.
La confesión incómoda
Tenme paciencia porque poco y nada es lo que hablo sobre esto, porque el no sentirme suficiente me llevó a vivir la consecuencia más grave de mi vida, la que provocó que viviera no solo los momentos más oscuros, sino que también me impidió que me comiera a besos al príncipe que mi alma escogió antes de llegar a este mundo.
Y es que el que te sientas tan poco y que creas que mereces migajas de la vida, hace que no solo esta sea miserable, sino que la resignación se apodere de ti, lo que vuelve el tema aún más peligroso.
Voy con el cuento, veamos cómo sale…
Hace muchos años atrás me enamoré de uno de mis mejores amigos, había una atracción mutua, deseada, ¡con ganas de llevar a cabo todas esas historias eróticas que escribía para vivir nuestra fantasía de alguna manera!
Después de muchos vaivenes, en los que claramente yo no era suficiente para que él se atreviera, pasó algo que me convenció de que esa vez sí sería real. Cuento corto: no lo fue. Me había regresado de Nueva York convencida de que viviría esa historia que se supone que debía vivir, pero resultó que yo no era suficiente para que él dijera que sentía cosas por mí y me eligiera. No fui suficiente para que él fuera valiente (ahí estaba mi menta, haciéndome creer que el problema era yo).
Hoy sé que no tenía que ver conmigo, sino con sus propios miedos. Hoy lo sé, después de años de terapias psicológicas y holísticas, pero en ese momento solo creí que “no era suficiente”.
¿Sabes cuando alguien está contigo y el solo hecho de su presencia te hace sentir segura(o)? Bueno, eso era él, además de ser extremadamente inteligente, divertido y alto, ¡cómo me gustan los hombres altos!
Darme cuenta de que no funcionaría provocó en mí uno de mis dos grandes despechos.
Me despeché horrible, no fue nada nice dormirme llorando por él. Yo de verdad quería que lo intentáramos, al menos por la anécdota, pero nada bueno sale de dos cobardes, ni de los intentos forzados.
Recuerdo que teníamos una canción, te la voy a dejar aquí para que dimensiones el tamaño del sufrimiento de ese momento y porque era la música que me acurrucaba en las noches. ALERTA DE BAJÓN EMOCIONAL.
Dejarnos ir nos costó muchísimo, de verdad nos queríamos, pero en un punto se volvió inviable para mí y decidí avanzar, con el corazón roto porque no quedaba de otra. Fue justo unos meses después cuando conocí al verdadero ogro de mi vida -no el del libro, el de verdad, verdad- el que podría decir, si me pongo en una perspectiva agradecida, fue mi gran maestro, porque de no ser por ese cruce de caminos, yo no estaría aquí creyéndome mi cuento, siendo valiente, reconociéndome: hermosa, inteligente y merecedora de amor dulce y bonito. Es decir, porque llegó a sacudir mi vida, pero el reconocimiento de haber logrado eso es para mí. Hay que tener cuidado de cederle nuestros méritos a los demás. Sin embargo, fuera de esa salvedad, fue mi verdugo.
No lo amé, pero quise hacerlo, y quise creer que él también quería, solo que él no venía a amarme, sino a demostrarme lo que sucede cuando te abandonas a la suerte y decides creerle a la voz oscura de tu mente.
No puedo asegurar de que no me quiso, hay gente que tiene formas raras de querer, pero lo que sí puedo afirmas es que quiso convencerme de que yo no era suficiente, que estaba loca y que merecía vivir esa realidad tan nefasta que tenía a su lado. Era raro, siempre hubo algo dentro de mí me decía que debía salir huyendo lo más lejos posible. Era una voz intensa que trataba de silenciar, y lo hice hasta que una patada en mi vientre me hizo despertar y darme cuenta de que ya no podía más.
Vivir ese capítulo de mi vida me convenció de que el amor no era para mí, -sí me victimicé un poco, lo sé-, de que la bruja que conocí a mis 15 años, que aseguró que yo no había venido a este mundo a ser amada a menos que encontrara a la otra mitad de mi alma, tenía razón. Y cuánta razón.
Cuando entré a esa relación tenía el corazón partido en dos, y cuando salí tuve que recoger lo poco que quedó de él.
Ser víctima de relaciones en donde el amor nunca llega y la violencia toma el trono, no hace más que reafirmar las creencias absurdas que tu mente ha creado. Y no, no crecí en un ambiente violento, mis papás jamás me pegaron y genuinamente me trataron como lo más importante de sus vidas (aún lo hacen). Hoy entiendo que sobre exigencia es algo cultural, aunado a las heridas propias de cada una de sus historias, no era que no me amaban ni que no estaban orgullosos de mí.
Yo sí había conocido su amor, a diferencia de mi verdugo que, hasta ese momento, no había tenido tanta suerte.
Y fue justo el haber conocido el amor, lo que me salvó de él y de mi versión más cobarde.

La violencia de género me marcó. Cada golpe, cada insulto, cada manipulación se inmoló a mí de una forma que creí que sería permanente. Por años no podía escuchar gritos, ver peleas o verme en medio de una situación hostil porque viajaba al momento en el que solo quería que su puntería mejorara y el morir fuese inmediato.
Y sí, qué te digo, creí que no era suficiente, porque a ver: si un hombre le pega a una mujer, ¿de quién es la culpa?
¿Viste? Así de mal estamos como sociedad, aunque hoy hay avances, el grueso de la población siempre pensará primero: ¿Qué habrá hecho para que le hicieran eso?
Gracias al universo hoy son más las personas que no descargan la responsabilidad en la víctima. ¡AMÉN!
Creía en pura pendejadas
He visto a demasiadas personas increíbles no sentirse lo suficientemente buenas como para creerse el cuento que quieren, y merecen vivir. Están en el colegio, en mi familia, en el parque, en la universidad, en el mercado, en el mall, en los medios, en los libros. El mundo está repleto de personas que no se creen el cuento.
He podido ver a mujeres de mi entorno conformarse con matrimonios de hojalata solo por la razón de creer que no pueden merecer más, porque esto era lo que les tocaba, para lo que les alcanzaba. He visto a hombres ser infelices, sumergidos en trabajos agobiantes porque nunca se han creído dignos de cumplir esos sueños que tuvieron de niños. Vi a niños dejar de ser niños por no sentir el amor de sus madres o por ser testigos del abandono o rechazo de sus padres.
He visto demasiadas almas ahogadas en gritos llenos de silencios, implorando por ser atendidas, pero el miedo ensordecedor no deja que nadie las escuche y venga a salvarlas.
He sido testigo, muy de cerca, de que hay quienes encuentran el amor que todos soñamos y huyen por miedo a no ser suficiente y es que de ahí deriva todo >>> de no creerse suficiente. Y lo peor son todas las consecuencias que tiene para nuestras vidas, lo mucho que puede impedir que disfrutes de esta línea de tiempo.
💔Infelicidad
💔Insatisfacción
💔Frustración
💔Enfermedades
💔No tener orgasmos (gravísimo)
💔No permitirse amar ni ser amados

Y un largo etcétera que se resume en la vida que está viviendo el grueso de la población millenial (y la población mundial, porque esto de no ser suficientes no es exclusivo de nosotros como el ghosting >>> si quieres leer El ghosting en cosa de millennials).
Yo creí que no era linda, que era gorda (como si serlo fuese malo), que nunca alguien me llegaría a amar y mucho menos a elegir. También he creído que no soy lo suficientemente buena escribiendo o en mi trabajo (no sabes lo mucho que dudo si esto “sirve” mientras lo escribo. Lo bueno es que antes me hubiese detenido, ahora sigo escribiendo).
Creí que ese hombre del cual me enamoré sin conocerlo, jamás, pero JAMÁS, se fijaría en alguien como yo (seguimos sin descifrar qué significa ser alguien como yo), porque no era lo que él merecía, cuando fui hecha a su medida.
Una locura, lo sé, porque yo soy la mujer que todo hombre sueña. Dicho por ellos, no por mí.
Te juro que creí puras pendejadas…
Ahí está Martín, mi crush, no le paré bolas porque estaba divorciada y con dos hijos, cuando a él eso no le importaba. Hace dos meses se casó con una divorciada con dos hijos. Fíjate tú.
Mami, la reina del cuento es aquella que se lo cree, es todo.
La buena noticia es que hoy me siento diferente y al menos tuve la valentía de introducir este tema porque, aunque las dudas sobre si sea bueno o no, quieren invadir mi mente, hoy mi alma me abraza y me susurra: ¿y qué si no es bueno? Lo seguiremos haciendo hasta que sea increíble.
Hoy sí vuelvo a ser un poco esa niña de 4 años que soñaba con ser best seller, pero que cambió el cassette, hoy escucha otras músicas, hoy se abraza ella misma y se corona como la reina imperfectamente perfecta que es de su vida.
Hoy soy esa Eunice que está segura de que si se vuelve a cruzar en otra vida con su príncipe -o en esta- no lo dejaría de nuevo, al menos se atrevería por la anécdota.
Ha sido un camino largo llegar hasta aquí. Me ha costado mucha valentía avanzar a pesar de mis heridas -algunas cerradas y otras abiertas- porque me siento aterrada de este ímpetu que hoy me invade que quiere ser la voz de una generación que necesita hablar y ser escuchada, de una generación que sí está rota, pero que hoy quiere sanar eso que no rompió para garantizar que ¡se rompió el círculo!
Así que gracias por acompañarme desde siempre, por esperar y por llegar hasta aquí, porque para una escritora (o escritor) que lo lean, lo es todo. Así que gracias, muchas gracias.
Y porfis, recuerda que vales más que la reserva de oro del mundo, que tu valor no se define por cómo te ves, a qué te dedicas, lo que te gusta, ni nada externo, tu valor lo determina tus acciones y la cantidad de amor que das y recibes del mundo. Lo demás es una fachada prestada que se consiguió nuestra alma para que vivas esta vida.
Eres todo por lo que la persona correcta saltaría del risco, y si no salta es porque no es la correcta, recuérdalo.

En fin, este es un pedacito de mi mundo, de mi corazón y de mi alma. Está un poco roto y desordenado por dentro, estoy trabajando en ello y construyendo mi lugar más seguro del mundo: YO. He suspirado escribiendo esto, he dudado, y me he conmovido; he querido no publicarlo y cerrar el computador con la excusa de que es tarde y debo dormir, pero me hice una promesa a mí misma y las promesas que una se hace, no se pueden romper. Eso me lo enseñó Ana, mi soulmate.
Hoy todo es diferente, todos los golpes de la vida, todas esas veces que he visitado mis sitios más oscuros y todos los abrazos que han arropado a mis sombras, todas las veces que no me atreví por miedo, no permiten que me paralice en la idea de no sentirse suficiente y no cumplir tus expectativas (o las de mi ego), porque al final yo escribo para mí, porque soy la voz de mi alma y porque allá afuera hay gente que merece saber que no está sola… que no estamos solos. Gente como tú y como yo.
Así que nada, con miedo y todo, aquí estamos saltando. Y saltaré todas las veces que sean necesarias, ¿me acompañas? Ojalá que sí, porque así el viaje sería más divertido.
Ponte cómodx, que mientras me creo mi cuento completo, sigo escribiendo.
Gracias por volver a la escritura increíble tener este texto ideal para empezar el día.
Me uno a tu salto.
Me encantó